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Diálogos Borges-Sabato

SABATO: Sí, fui muy propenso al suicidio… Sobre todo de muchacho.

BORGES: Yo, hace un tiempo, me había puesto un plazo. Me dije: bueno, vamos a esperar setenta días. Si mientras tanto no sucede nada y no cambia esta situación, voy a suicidarme. Y si sucede algo, mejor todavía. De todas maneras, el que va a suicidarse se siente un héroe, se siente fuerte.

SABATO: Claro, va a liquidar el Universo. (…)

BORGES: (…) Estábamos conversando con Macedonio Fernández, que explicaba que el alma es inmortal, mientras tocaban en la pieza de al lado una estupidez que me parece que se llama La Cumparsita. Entonces le dije a Macedonio, ¿qué te parece si nos suicidamos para librarnos de esa música tan pobre? (…) Y le conté esa escena a Xul Solar, que era muy escéptico, y me dijo, seriamente: Sí, pero no se suicidaron. Entonces le respondí, siguiendo la broma: No sé si nos suicidamos. No me acuerdo. Hay una historia que me contaron, parece que ocurrió en un café de la calle Bolívar, en el barrio de Monserrat. Allí iban todos los malevos. En el mostrador estaba un individuo que decía que tenía una mujer que lo engañaba, que él estaba muy solo y que pensaba matarse. Otro que lo escuchaba, dijo: Mirá, cuando uno habla tanto de suicidio no lo hace. Suicidarse es mucho más fácil. Entonces sacó su revólver y se pegó un tiro. No sé si es cierto, pero pienso que el hombre del revólver tenía realmente que suicidarse.

SABATO: Si no se mataba era un payaso. Desde el momento en que sacó el revólver sabía que no le quedaba otra alternativa que la muerte. (…) Siempre pensé que a un celoso le quedan dos recursos y solo dos: comprarse un revólver o ser Shakespeare. (…)

BORGES: Recuerdo el caso del escritor japonés que se hizo el harakiri delante de todo el mundo. Me pareció bien. Fue capaz de morir como el último samurái.

SABATO: Me parece demasiado espectacular para ser elogiable. Y también un acto de arrogancia. Le advierto, Borges, que no hablo por creerme mejor. Por el contrario, pensé en el suicidio muchas veces en mi vida.

BORGES: Yo también. Hace setenta y cinco años que vengo suicidándome. Tengo más experiencia que usted, Sábato.

SABATO: (sonriendo): Con muy poca eficacia, por lo que se ve.

BORGES: Sí, pero con mucha vocación, realmente.

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