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La verdad de vivir en Uruguay

Ante un año particular, una Argentina cambiante, vivimos en familia, pensando sino deberíamos cambiar de residencia, meditamos tanto, muchos invadieron countrys, verde, complejos, condominios, buscando un poco de aire entre tanto ahogo.

Compraron Terrenos, para hacer casas mas grandes, adaptaron las suyas para el home office, hubo tanta transformación.Los más osados, pensamos en algún momento, luego de pasada esta pandemia mundial, en emigrar, a tierras donde la tranquilidad espiritual o económica, nos permita una vida mas sencilla, austera y levantarnos sin pensar en el dólar o en la inflación.Muchos argentinos amamos Uruguay, un país verde, más pausado, en donde nos sentimos muy hermanos, pero en un clima de estabilidad económica y reglas claras.

Vivir aquí significa, bajar la velocidad, tomarse los tiempos necesarios para trabajar y disfrute.

Las ciudades cambian. Punta del Este, es una ciudad muy tranquila en otoño/invierno, con clima de mar, los días soleados, es divino ir a la playa, caminar. Y los días ventosos se podría disfrutar de las vistas al océano escabroso, y la frescura de los vientos que corren sin descanso.La gente aquí es tranquila, con otra impronta, con una forma de vida inusual para el argentino citadino. Viven más lo natural, la playa, la naturaleza.

Si bien son seres muy receptivos y amigables, la vida social es mucho más restringida. Por sobre todo se disfruta de la casa y la familia.La gastronomía se va ampliando en la temporada baja, se disfruta más el hogar que las salidas.

Es todo un cambio de vida.

Parte de lo que deberían conciliar los integrantes de la familia.

Aquí todo se percibe distinto con la llegada habitual de argentinos y brasileros, que tienen otra modalidad, con más salidas y más despliegue.

Puedo observar que el que se muda tiene que tener claro, que la ciudad más grande es Montevideo, como toda capital, es enérgica, pero a otros ritmos.En cuanto a la vida cotidiana, los valores en dólares son bastante estables, todo depende del tipo de vida que uno haga lo que gastara.

Algunos valores: alquiler de un monoambiente en Montevideo desde 400 dólares, expensas entre 60 y 100 dólares.

Eso suma al inversor argentino que invierte para renta, en Argentina una renta de 400.- dólares en un mono ambiente es soñada.

Vivir es más costoso, hay que tener en cuenta los gastos normales de supermercado, medicina, telefonía y gastos de consumo eléctrico y gas envasado.

Se vislumbra un futuro prometedor, ya que su gobierno impulsa la inversión extranjera para el crecimiento del país, y mantiene un nivel de precios constante, con una devaluación muy baja en 10 años con respecto al dólar americano.

Vivir en Uruguay es cambiar diametralmente la forma de vivir, a natural, a más centrada en la familia. Menos vida social. Menos reuniones.

Mucha bici, tabla, miradas al mar, atardeceres, lectura, meditación y soledad.

A olvidarse del cafecito cuatro veces al día, de las caminatas por un Pichincha lleno de jóvenes , parques colmados de gente, un Bv. Oroño los domingos en la ciudad recreativa.

Uruguay tiene ese no sé qué, que fascina.

Dista mucho de ser mundano, para ser íntimamente: volver a las raíces.

A un mundo utópico, donde las palabras valen, la nobleza es valor.

El trabajo es sobrevaluado.

La sencillez y la humildad son parte de la cotidianeidad.Cada persona elige su propia aventura, el modelo propio de vida que desea para llegar a la plenitud, y lograr vivir en armonía.

Uruguay es un país muy cercano para los que ya están con ganas de mermar la rutina cotidiana de trabajo. Para los que tienen hijos pequeños y quieren educarlos a la antigua, cuando salíamos a jugar a la vereda, o podíamos con pocos años ir a hacer las compras solos.

También para grupos que viven gran parte de su vida en familia, y lo comparten todo.

Por último, elegir vivir en Uruguay es una opción cercana, para no dejar abuelos, padres y nietos tan lejos como para no verlos varias veces al año.

Es lo mas cercano a la Argentina de otros tiempos, donde la seguridad era normal, donde nuestros niños y abuelos podían salir sin miedos.

MARIEL DEVALLE

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