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El arte como resistencia

Por Miguel J. Culaciati

Una invitación para leer y para  escuchar Poesía en el Museo Estevez.

Creo que hoy, quizá más que nunca, hay que agradecer una invitación así.

Tengo la firme certeza de que en estos tiempos, el universo poético – artístico se ha ido constituyendo sigilosamente, secretamente, hasta involuntariamente,  en un territorio de necesaria resistencia.Un territorio donde el lenguaje, donde el pulso vital todavía puede demorarse, donde la mirada todavía puede contemplar serenamente…

Donde la experiencia humana —con todos sus claroscuros—  todavía puede ser nombrada, puede ser contada, más allá del omnipresente vértigo que nos acosa.Creo entonces que el arte, que la poesía tienen un rol clave en estos tiempos hiper acelerados, ametrallados de información, de desinformación, de estímulos, de pantallas… Asediados por algoritmos, codicia y narcisismo sin límite.

El arte en general, la poesía en particular, y la naturaleza , cumplen, creo yo,

o pueden cumplir si es que tenemos la lucidez de reconocerlo, el rol de mostrarnos el hilo, la pista que nos puede guiar fuera del laberinto. Pueden cumplir la tarea de darle forma, de corporizar la mano que nos baje del carrousell al que casi todos se han subido, sin preguntarse demasiado hacia dónde es que gira…

Porque nombrar los laberintos, los espejismos, nos permite ver la luz que queda,  “la que rimane”…diría un italiano. Esa antigua y primordial claridad que constituye la lucidez originaria y que es la que puede salvarnos de nuestra propia ceguera.Entre los escombros de tanta soberbia y estupidez humana, la palabra poética puede ser un ancla – conciencia, una respiración distinta, una resistencia silenciosa pero indispensable.

En el gesto poético de detenerse , de parar la carrera, de no seguir ciegamente al rebaño, de mirar con ojos libres, de recordar el  asombro esencial, la palabra poética nos vuelve a ofrecer un territorio habitable.

Y no para imponer nada, sino para recordarnos que seguimos siendo una ínfima parte de una vasta y perfecta sinfonía universal. Byung-Chul Han la llama la potencia negativa:  la capacidad de detenerse,  “el arte de demorarse” dice el surcoreano,  la posibilidad electiva de no producir todo el tiempo, de no correr, de no responder inmediatamente a las exigencias o estímulos del mundo actual.

Ya los antiguos orientales sabían que en ese aparente “no hacer nada” mora la  fecundidad más profunda.   El “wei wu wei” del taoismo, el “satori” en los maestros del haiku japonés.

Es allí donde germina sabiamente,, es donde madura a su tiempo, el sentido.Sin ese espacio interior de silencio y de pausa, la vida humana se deshilacha, se empobrece, se vuelve mera aceleración sin fin , un mero rendimiento.

Los poetas adultos de este tiempo hemos sido testigos de cómo la vida se fue volviendo cada vez más digital,  más fría, más intangible, más distante, más aséptica, más impersonal.

Y sabemos —quizá mejor que nadie— que no todo avance es progreso.

Sabemos que no es oro todo lo que brilla en las vitrinas del futuro que se nos quiere imponer como  “inevitable”.

Por eso tal vez la poesía —agazapada, sigilosa — está ahí. Para levantar su bandera de sutil pero invicta luz. Una bandera pequeña , discreta,  tal vez, sostenida por unos pocos, pero obstinada y persistente.

La bandera de quienes todavía creemos que no todo puede ser ofrendado al altar de un progreso suicida, vacío y anónimo.  No queremos ser pasajeros de ese tren que avanza a toda velocidad con viajeros babeantes mirando por las ventanas paisajes tan encandilantes como artificiales, mientras el precipicio se nos viene encima.

Preferimos lo cercano, lo pausado, lo real. Lo humano, es decir lo imperfecto, lo rugoso, incluso lo filoso, lo que corta, lo que duele, lo que despierta.

Preferimos lo vivo , lo que late, lo que tiembla.

Preferimos, con toda su maravilla e incertidumbre,  la dignidad de seguir siendo humanos.

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Miguel Culaciati
Texto leído en ocasión del ciclo “Territorios del verso y de la Prosa”
coordinado por Marisa Chazarreta , Museo Estevez . Rosario, Marzo de 2026