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La vacuna

Llevo casi cuarenta y ocho horas con el ADN de un chimpancé en mis células (vacuna AstraZeneca) y sigo con los síntomas de siempre; envidia, celos, hipocondría, un pelín de paranoia y la crisis existencial de siempre. No hay manera de curarme de la ingenuidad, pensé que la vacuna tendría un efecto inmediato sobre estos pegajosos asuntos no menores que me acompañan. ¿Será por eso que no los suelto? Son vieja compañía ya. Algo sí que ha cambiado, el cuerpo, el mío, que ya de sutil tenia poco ahora ha tomado una consistencia aplanada. Hoy, y aunque parezca mentira, mientras trataba de aligerar los síntomas aplastantes de la vacuna empezaron a repavimentar mi calle, y si, pasaba una y otra vez esa máquina enorme con dos rodillos gigantes de acero que aplasta el pavimento caliente recién puesto, y claro, no pude evitar soñar en una de las tantas siestas de hoy que era yo, mas bien mi cuerpo el repavimentado. Pero estoy contento; es pesaj y estoy vacunado.

Jag sameaj (para los gois: buena fiesta) Y Shabat shalom

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