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Flor de mujer

Esta entrevista con Romina a quien podria llamársele “LA FLORISTA DE PILAR” fue como un cuento de colores y formas; con su sonrisa permanente, sus ojos vívidos y su energía contagiosa se presta permeable para responder a mis preguntas, sin boceto, sin preámbulos, en una libertad absoluta. Respiro a pasto recién cortado.

–¿Hace cuánto estás con este puesto?

–Hace veinte años aquí -es la esquina del supermercado Disco de Tortuguitas- pero estuve veinticuatro años frente a la estación de Tortuguitas.–¿Cómo surgió este proyecto?

–Comenzó por mi papá que era florista y me dejó este legado y sentí que tenía que continuar con la tradición familiar.

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Romina era una adolescente que pagaba sus gastos con lo que ganaba vendiendo flores, hasta que su vida cambió: se casó y tuvo una hija, Priscila, y eso hizo que se tomara el puesto más seriamente hasta tal punto que pasó a ser su trabajo y único sostén.

Me comenta que a veces piensa que es hora de pasar a otra cosa y que sus clientes no la dejan ir. Tiene clientes fieles; “Son buenas personas”, dice, con esa sonrisa radiante.

También le agrada no depender de nadie, ser su propia jefa; eso le permite organizarse mejor y poder faltar en caso de necesidad. Agrega que es una forma de vivir más tranquila, sin presión, por lo menos, no le suma más carga de la que ella misma se impone.

Se nota que es una trabajadora incansable.

***–¿Qué tiene de diferente vender flores comparado a otras cosas?

–Las flores son limpias, dan alegría, color, vida.

–¿Cuál es tu flor preferida?

La preferida es la de mi padre, el Lilium. Me encanta porque es una flor fina, en eso se asemeja a la Orquídea. Las Rosas no me gustan tanto, son más comunes. El Lilium se abre y se ve como una campana y mi preferido es el rosa matizado, que es rosa con blanco.

–¿Cómo te definís?

–Como emprendedora, de toda la vida.

–¿Y en tu interior? ¿Cómo persona?

–Eso lo tienen que decir los que me conocen pero soy buena persona. La gente me brinda su cariño y me ayuda; pensá que me han visto crecer, luego como madre y ahora ya conocen a mi hija, Priscila, ¡a la que le encantan las flores!

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Romina repite que cumplió un ciclo y que anhela ser fotógrafa, su sueño de pequeña y, de hecho, lo es; saca fotos de sus flores y las sube a su página. Me sorprende con su confesión de que se ha recibido de maestra pero nunca ejerció, quizá por esto de postergar para ayudar a los demás…

A sus treinta y ocho años reconoce que es un trabajo hermoso pero esclavo: no hay Día de la Madre ni sábados ni domingos en familia. Vive para su trabajo. “Cuando recuerdo, me doy cuenta de que me perdí de mucho, de compartir momentos, de ocuparme de mí.”

A pesar de su ligera tristeza, esta mujer con todas las letras, está haciendo un tratamiento en Cormillot para verse mejor y también para tomarse las cosas con más calma.

Su marido trabaja con ella; cultiva, compra las flores y hace el reparto. Es una empresa familiar.***

–¿Qué pensas del mundo hoy en día?

–Deseo que la gente vea que sí se puede trabajar en la calle, que no es sólo quedarse con me echaron de un fábrica y deprimirse, sino salir y remarla, no vas a ser rica pero seguro no te va a faltar la comida en la mesa e ir lllevándola y salir para adelante. SE PUEDE.

Tenemos un país muy rico que no lo saben aprovechar los políticos pero nosotros lo podemos hacer. Los Argentinos juntos somos capaces, sólo que no nos animamos. Nuestra Argentina es un tierra con todos los climas, tiras semillas y crecen plantas, esas plantas las podes vender y lo mismo con frutas y verduras. Yo tengo mi propia huerta.

Estoy callada, abrumada por esta mujer de tierra adentro, llena de luz y de vida, con ganas de hacer y dejar su legado. Continúo escuchándola…

“La vida es obstáculos; yo he tenido muchos pero se pueden pasar y superar.”

–¿Qué es el amor para vos Romina?

–El amor es todo porque creo que sin amor no tenés vida, no superás los contratiempos; sin amar no vivís.–Un día perfecto…

–Estos días lo tuve: me reencontré con mi mamá después de nueve años; para mí ese fue y es un día perfecto.

Distanciandas después de la muerte de su padre, madre e hija tomaron diferentes rumbos hasta que su madre cedió. “Hoy me siento COMPLETA”, admite Romina.

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Su hija es todo. “Respiro y vivo por ella”, declara casi en un susurro ya.

Esta bella mujer , la florista de Pilar o Romina es simple y tiene la agudeza e intelecto que cuentan verdades; vive la vida con una mirada positiva, olvidando los malos tragos y sin resentirse.

Como si quisera seguir escupiendo me agarra de la mano y me mira con esos ojos que sólo tienen los que aman la tierra.***

“María, escribí esto por favor: Que los Argentinos no mezclen los ideales de cada uno, que seamos uno solo; somos todos Argentinos, que peleemos por nuestro país, que si no lo hacen los gobernantes que lo hagamos nosotros mediante el voto de la democracia. Hay muchos países que no lo tienen; nosotros podemos decidir y seguir luchando porque, al fin y al cabo, aquí nacimos y en esta tierra querida van a criarse nuestros hijos y nietos. Pensemos en ellos y en su futuro.”

Me da un abrazo que siembra en mí un cariño que me acompaña camino a casa y hecho raíces en ese lugar pequeño pero con tanto corazón que al llegar a mi puerta , mis llaves son pétalos y sostengo una flor en la otra mano.

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María Verónica Cabeza / IG @mariacabezawriter