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Nueve meses para amarme: La historia de Horacio Lascano y su mamá, Guillermina Pilar Plá, de 102 años

“Madre es el nombre de Dios en los labios y el corazón de un niño pequeño.»

William Makepeace Thackeray

***

Me encontré con Horacio una tarde en uno de mis cafés preferidos. Suelo ir a escribir.

Él estaba sentado en la mesa de enfrente y, sin preámbulos, nos pusimos a charlar.

Al despedirme quedé en llamarlo para entrevistarlo acerca de cómo era vivir con una mamá de 102 años.  Le comenté que se me venían muchas preguntas a la cabeza e imágenes y gestos de absoluta ternura.Lo que subsigue es la continuación de la conversación, con preguntas imaginarias, respondidas con la voz mas hermosa: la de un hijo que ama y honra a quien le dio la vida.

Con sus 102 (nació el 29 de enero de 1919) se encuentra muy lúcida; ella quiere estar en todo pese a que está en sillas de ruedas, porque el 24 de Mayo de 2019 se cayó y se quebró la cadera. La operaron pero no camina por sí sola. De todas maneras con su auto- silla de ruedas- se mueve por toda la casa.

Está en todo: la comida de los perros, las luces, si fui al banco, si fui al súper, qué comemos hoy, si salgo.. que no tarde y si me he puesto perfume. Antes de caerse cocinaba, preparaba mate  y ,si me descuidaba, lavaba los platos. Ella manejaba la casa.  Vive conmigo hace unos 20 años, desde que mi hermana se fue a vivir a Brasil.

Dicen que soy buen hijo porque siempre que me necesitó, estuve y, desde que se cayó, me negué a ponerla en un geriátrico; si la internaba, como es ella de autosuficiente y coqueta, no iba a durar mucho y decidí bancarme yo todo, sabiendo los inconvenientes que iba a tener.

Los mejores recuerdos fueron en mi adolescencia- hasta los 17 años-; íbamos al campo que tenía mi abuelo los fines de semana y durante los veranos también. Llegamos a pasar dos meses fuera de la ciudad. A mamá le encantaba hacer dulces, sacaba miel, preparaba  tomate y los embotellaba. Los mejores dulces y tomates de mi vida, fueron los que disfrute con mi vieja!Te cuento que durante la pandemia, fue muy triste. No podía ver a ningún familiar: hija, nietas, bisnietas, sobrinos.  Con el plus de protegerla, callando los fallecimientos de parientes y amigos  por covid19.

Mirá María, a mamá le gustaba cocinar; siempre cocinaba muy rico- como buena hija de españoles- también amaba tejer, cuidar las plantas, ir a visitar parientes y a amigas;  siempre muy activa.

Ahora que lo pienso, ¡CÓMO NOS ACOMPAÑAMOS! Una vez que se levanta, desayunamos, yo mate, ella chocolatada, pan con queso crema y mermelada; luego mira la tele ,hace uno o dos solitario, almorzamos y ya se acerca la nochecita y hora de cenar.

Mientras compartimos la ultima comida del día,  hay veces en las que hablamos del pasado y es impresionante porque ¡Se acuerda de casi todo!Siempre fue alegre hasta que se cayó y, desde entonces, cada tanto, dice que es un estorbo para mí. Pero el espíritu de seguir viviendo no lo pierde; el sábado o domingo le compro el Clarín y se entretiene toda la semana leyendo, de a poco.

Una frase típica de mi madre es “¿A dónde vas? ¿Cuánto vas a tardar?”

Nunca me retó; creo que no tuvo motivos o soy buen pibe.Se hace un silencio donde veo a “ese buen pibe y excelente hijo”. Se va…está recordando y yo, sin proponérmelo, me reclino en mi propia madre. Me despierta su voz, suave, amorosa.

LA AMO porque siempre estuvo, en mis dos divorcios,  en los malos momentos, en las buenas y en la fuleras.

Siempre dice que soy demasiado bueno porque es la mejor MAMÁ.

Y yo le creo y le pido un pañuelo.


María Verónica Cabeza / Copyright2021 / IG @mariacabezawriter

 

 

 

 

 

 

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