Discurso Oficial. 174 años construyendo Rosario
El legado de los pioneros y el compromiso presente
Por Miguel J. Culaciati
Hace hoy exactamente ciento setenta y cuatro años, Rosario comenzaba la etapa más trascendente de su historia al ser declarada ciudad por el gobernador Domingo Crespo.
Una fecha bisagra; claramente. En Rosario hay un antes y un después de aquel 5 de agosto de 1852. Para comprender, para dimensionar la importancia de ese momento los invito a cerrar los ojos y viajar un poco en el tiempo, para tener el contexto.
Ubiquémonos en aquel año : 1852. El mundo era totalmente diferente.
Por ejemplo, cruzar el Atlántico de Europa a Sudamérica llevaba de 40 a 60 días en barcos que, en su gran mayoría, todavía eran a vela. Recién aparecían los primeros buques a vapor, pero eran una ínfima minoría.
El planeta vivía bajo el terror de las epidemias como la fiebre amarilla o el cólera. Se atravesaba por entonces la tercera gran pandemia mundial de cólera que dejará millones de muertos.
La medicina era todavía básica, rústica: no se conocían las bacterias y las cirugías se realizaban sin anestesia ni asepsia.
En lo socio político se vivía el apogeo de los grandes imperios,, y también de la esclavitud.
Mientras Rosario nacía como una urbe de ciudadanos libres, en los Estados Unidos todavía faltaban diez años para la Guerra de Secesión y unos cuatro millones de esclavos sostenían la economía algodonera del sur.
De hecho, exactamente en ese año, 1852, se publicaba la famosa novela “La cabaña del tío Tom”, que encendía , digamoslo así , el debate abolicionista global.
Aquí al lado, Brasil, bajo el mando del emperador Pedro II, sostenía buena parte de su riqueza cafetalera con el trabajo esclavo masivo; que recién se aboliría en 1888.
En Europa, Francia se convertía nuevamente en Imperio bajo el mando de Napoleón III, en España reinaba Isabel II en medio de fuertes conflictos internos y en Inglatera la Reina Victoria lideraba el auge industrial británico, ya con 15 años en el trono .
Aquí dentro de la Argentina , viajar de una población a otra en esa época , era una odisea.
El ferrocarril no existía aún. La primera línea se inauguraría en Buenos Aires 5 años despúes , en 1857. Y a Rosario el tren llegará en marzo de 1870 con la línea del Central Argentino a Córdoba, inaugurada por Sarmiento.
Todo el transporte terrestre dependía exclusivamente de la tracción a sangre: caballos , bueyes , carretas a través de huellas de tierra que las lluvias transformaban en barriales gigantes, muchas veces, intransitables. La conectividad se fundaba en lo que era el antiguo Camino Real y en un sistema de postas.
Unir Rosario con Córdoba en carreta demoraba entre 15 a 20 días.
Para viajar a Buenos Aires la opción más segura era la fluvial por el Paraná. El viaje llevaba entre 2 a 3 días, si el clima acompañaba; pero cuando soplaba una sudestada fuerte los barcos tenían que fondear y esperar horas o incluso días hasta que calme.
Por tierra viajar a Bs As implicaba una aventura de casi una semana esquivando malones, durmiendo en las postas que eran ranchos, entre vinchucas
y cruzando arroyos arriba de un cuero de vaca flotante, a modo de balsa improvisada. Pensemos solo en eso: casi una semana de peligros para un trayecto que hoy hacemos en 3 o 4 horas, por autopista.
En medio de ese panorama, aparecía la Ilustre y fiel Villa del Rosario como un caserío de escasos 3.000 habitantes y un ejido urbano consolidado que no superaba las 50 manzanas; una pequeña cuadrícula recostada sobre las barrancas del Paraná donde predominaban los ranchos de barro y paja, separados por baldíos y quintas.
Faltaban todavía seis años para que el ingeniero italiano Nicolás Grondona dibujara el primer plano oficial proyectando un damero ideal de 224 manzanas.
Toda la vida institucional, social y comercial se concentraba alrededor de la Plaza : la humilde Capilla y las básicas oficinas de la Jefatura Política, la Comandancia Militar y la Aduana del puerto.
Todo era básico, todo era simple y por demás austero.
Pero el contexto político había cambiado radicalmente. Habían pasado seis meses de la Batalla de Caseros. (aquel 3 de febrero de 1852), con ella terminaba la etapa rosista y caía el “ cepo fluvial “ que había asfixiado durante años al interior.
Se abren al fin los ríos para la libre navegación y el comercio.
Urquiza, con gran lucidez, comprendió antes que muchos el potencial de este puerto natural. Entendió que Rosario no necesitaba dádivas, ni recompensas, sino simplemente libertad y reglas de juego claras.
Por eso, el decreto del gobernador Crespo no fue una concesión graciosa ni un regalo del poder; fue el reconocimiento oficial a una comunidad que ya había demostrado que merecía esos derechos y que latía con fuerza propia.
Rosario en 1852 era todavía una villa pequeña, muy pequeña
Pero tenía un gran motor: su capacidad de soñar.
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Los pioneros de aquel tiempo imaginaron una ciudad que todavía no existía.
Creyeron en ella. Trabajaron por ella.
Como escribió Italo Calvino en “Las ciudades Invisibles” ;
“Las ciudades como los sueños, están construidas de deseos y de miedos “
Rosario fue también primero un sueño.
Un sueño contsruido por hombres y mujeres que tuvieron la imaginación para proyectarlo y el coraje para hacerlo realidad.
Y a partir de ese cambio en las reglas de juego en 1852 todo se fue haciendo realidad
Comenzaron a llegar los inmigrantes de a miles: italianos, españoles, hombres y mujeres de distintos países que elegían esta tierra para construir un mejor destino.
Traían sus sueños, sus ilusiones,, pero también una profunda cultura del trabajo, del esfuerzo, del ahorro y del emprendimiento.
La población creció exponencialmente y se duplicó en breves períodos; entre 1869 a 1887 en 18 años de 1887 a 1895 en solo 8 años.
Pasó de esos 3000 habitantes de 1852 a nada menos que 112 500 en el primer censo que encargara ese gran y visionario intendente que fue don Luis Lamas Hunt en 1900.
Es decir Rosario multiplica su población por 30 en menos de 50 años, con un porcentaje de extranjeros que siempre estuvo por sobre el 40 % , hasta la 2da década del siglo XX.
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Evidentemente Rosario supo aprovechar una oportunidad histórica. Y eso cambió su destino para siempre.
Ésa es una de las grandes enseñanzas que nos deja la fecha. Las oportunidades existen. Pero solamente prosperan, se cristalizan, cuando encuentran una comunidad dispuesta a trabajar unida por un mismo ideal.
Con unión, con sentido de pertenencia, y con una mirada compartida hacia el futuro en pocos años Rosario alcanzó un desarrollo extraordinario.
Y no sólo en lo económico, sino también en lo urbanístico, lo sanitario, lo cultural, lo social , lo deportivo, lo arquitectónico, etc.
Y lo hizo sin ser capital provincial, ni capital nacional. Con las burocracias más veces en contra que a favor.
Muy pocas ciudades del mundo pueden decir lo mismo.
Ese crecimiento creo yo tuvo una explicación bastante simple: generaciones enteras comprendieron que el progreso personal y el progreso de la ciudad eran parte de un mismo proyecto.
Muchos de aquellos comerciantes / empresarios que prosperaron en Rosario también interactuaron virtuosamente y construyeron hospitales, teatros, museos, escuelas e instituciones solidarias.
Entendían que devolverle algo a la ciudad era una forma necesaria de agradecer el marco que les había permitido prosperar.
Ese profundo sentido de pertenencia sigue siendo uno de los legados más valiosos que podemos rescatar.
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Hay que decir también que esta vez el 5 de Agosto tiene un significado más profundo, especial.
Es la primera vez que celebramos este aniversario, este momento histórico como Ciudad Autónoma.
Un reconocimiento largamente esperado y necesario, que fortalece nuestra identidad y que también como todo logro, trae aparejada una responsabilidad mayor.
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Rosario hoy ocupa un lugar estratégico para la Argentina
Desde esta región y por este río sale una parte fundamental de las exportaciones de nuestro país hacia el mundo.
El complejo portuario que se extiende desde desde Timbúes hasta Arroyo Seco, esos 70 kms, constituyen el nodo agroexportador más grande del mundo, superando en 2025 a Nueva Orleans y a Santos.
Aquí se genera una enorme riqueza para el país.
Y es legítimo plantear que una parte más justa de ese esfuerzo quede o regrese
para fortalecer el desarrollo de Rosario y su región.
Para que no haya tanta gente con necesidades en una zona tan rica.
Este debe ser un objetivo clave, debería constituirse en una “política de estado” rosarina, dentro de una Argentina más federal.
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Si algo demuestra nuestra historia es que el capital rosarino más valioso nunca fue solamente su ubicación geográfica.
Su mayor patrimonio siempre fue el empuje de sus vecinos.
Su capacidad de crear. De emprender. De organizarse.
De construir comunidad.
Estamos convencidos de que tenemos una historia muy valiosa, que puede iluminar el presente, que nos ayuda a comprender quiénes somos.
Y que nos inspira para construir un mejor futuro.
Tenemos el desafío de volver a lo mejor de nuestra esencia,
Esa es una de las ideas centrales que impulsamos desde Valor Rosario ;
“Nuestra historia como faro del presente”
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La experiencia del Tricentenerio vivida durante 2025 fue muy valiosa, con una
serie de acciones y concreciones que dejaron un legado muy importante, pero hay que perseverar…
Estoy convencido de que todavía tenemos una deuda: enseñar más la historia local en escuelas primarias,, en las secundarias, en las Universidades.
¿Cómo vamos a cuidar, cómo vamos a amar aquello que no conocemos?
Hay un círculo virtuoso que nunca está demás recrear
quien conoce valora, quien valora cuida, quien cuida se siente orgulloso
y de ese orgullo nace el sentido de pertenencia .
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Rosario puede mirar con satisfacción todo lo que construyó,
pero a la vez necesita volver a tener pioneros.
Pioneros del siglo XXI.
Rosarinos convencidos de que el destino de la ciudad también depende de ellos.
Porque de esta ciudad podremos irnos a veces ,,,, pero nunca alejarnos.
La patria de la infancia siempre viaja con nosotros , es insustituible…
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Llego al final con un razonamiento muy simple:
Si hubiese que elegir un solo verbo para expresar lo que Rosario necesita hoy de nosotros yo eligiría sin dudas el verbo: Sumar.
Sumar ideas. Sumar esfuerzo. Sumar cultura.
Sumar respeto. Sumar solidaridad. Sumar esperanza.
Nadie puede hacerlo todo
Todos podemos y tenemos el deber de sumar algo.
No basta con la queja estéril detrás de un teclado…
Pensemos en nuestro bisabuelos y nuestros abuelos, ellos no esperaron que otros hicieran las cosas por ellos. Desde el lugar que les tocó ocupar trabajaron aportaron y se comprometieron con causas públicas.
Gracias a esa suma de esfuerzos Rosario exploto en desarrollo y bienestar
Cuando miles y miles deciden sumar desde el lugar que les toca, una sociedad encuentra fuerza y argumentos para escribir sus mejores páginas.
A mediados del siglo XIX hubo una generación que creyó en Rosario antes de que Rosario fuera la gran ciudad que hoy habitamos.
Gracias a ellos recibimos una herencia maravillosa.
Ojalá que dentro de cien años, cuando otros celebren un aniversario rosarino, puedan decir que nuestra generación también estuvo a la altura; Que eligió construir. Que eligió servir. Que eligió comprometerse.
Ese será el mejor homenaje que podamos ofrecer a quienes soñaron esta ciudad hace ciento setenta y cuatro años.
Y será, también, por supuesto, el mejor regalo que podremos dejarles a los rosarinos del futuro
¡Muy feliz Aniversario , querida ciudad de Rosario!
Muchas gracias
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Miguel J. Culaciati, Agosto de 2026














