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El Tapiz de Bayeux: mil años de historia, arte y memoria

El Museo Británico vuelve a poner al arte en el centro de la escena con la exhibición del célebre Tapiz de Bayeux, una pieza excepcional del siglo XI, de casi 70 metros de longitud, que regresa desde Francia al país donde se cree que fue realizado.

La obra narra, a través de una extraordinaria sucesión de imágenes bordadas, uno de los acontecimientos fundacionales de la historia inglesa: la invasión de Inglaterra por Guillermo el Conquistador y la batalla de Hastings de 1066.

Su llegada despertó una enorme expectativa en Gran Bretaña. Los medios británicos siguieron su traslado casi como si se tratara del regreso de un héroe después de una larguísima ausencia. Y quizás no resulte exagerado: estamos ante una obra que ha logrado atravesar guerras, revoluciones y casi mil años de historia.

El rey Carlos III realizó una visita privada anticipada a la exposición, mientras que críticos y especialistas destacaron la emoción que provoca contemplar la pieza en toda su dimensión.

El tapiz se presenta extendido horizontalmente dentro de una vitrina especialmente diseñada para su conservación. Sus 58 escenas relatan sucesivamente los acontecimientos que culminan en la batalla y en la victoria del ejército normando dirigido por Guillermo el Conquistador.

Según los historiadores, habría sido realizado durante la década de 1070 y gran parte de sus bordados habrían sido ejecutados por manos de mujeres inglesas. Artesanas anónimas que, puntada tras puntada, terminaron dejando para la humanidad uno de los grandes documentos visuales de la Edad Media.

Y allí aparece nuevamente una de las grandes maravillas del arte: su capacidad para vencer al tiempo.

Una obra realizada hace casi mil años continúa hablando de los seres humanos, de sus luchas, sus ambiciones, sus victorias y también de la tragedia de la guerra.

El arte como memoria

Desde La Revista del Siglo siempre sostenemos la importancia de destacar la belleza y de comprender al arte no solamente como expresión estética, sino también como testimonio de una época.

El Tapiz de Bayeux nos permite conocer hoy acontecimientos sucedidos hace casi diez siglos gracias al trabajo de aquellos artistas y artesanos que transformaron la historia en imágenes.El arte conserva aquello que el tiempo podría borrar.

Por eso resulta tan vigente recordar las palabras que San Pablo VI dirigió a los artistas durante la clausura del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965:

“Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza, para no caer en la desesperanza.”

Pablo VI llamó entonces a los artistas “guardianes de la belleza en el mundo”.

Quizás allí también podamos encontrar una de las razones esenciales de la existencia de nuestros museos.

Un museo no es simplemente un edificio donde se guardan objetos antiguos.

Es una casa de la inspiración.

Es el lugar donde la memoria se convierte en arte, donde una sociedad conserva aquello que considera trascendente y donde las nuevas generaciones pueden volver a encontrarse con su propia historia.

Porque, finalmente, ¿dónde se guardan los verdaderos valores de una ciudad y de una civilización?

No solamente en sus documentos ni en sus bancos.

Se guardan en sus museos.

Allí permanecen la memoria, la identidad, la belleza y las huellas que una generación decide dejarles a las que vendrán.