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Yayoi Kusama: cuando el arte transforma aquello que nos atormenta

El mundo del arte despide a Yayoi Kusama, la extraordinaria artista japonesa que convirtió los lunares, la repetición y el infinito en un lenguaje reconocido en todo el mundo. Falleció el 14 de agosto de 2026, en Tokio, a los 97 años.Pero más allá de sus famosas calabazas, sus salas de espejos y esos puntos que parecen multiplicarse hasta ocuparlo todo, lo que siempre me conmovió de Kusama fue su historia.

Desde muy joven convivió con alucinaciones y visiones en las que puntos, flores y formas repetidas parecían invadir los objetos, las paredes y hasta su propio cuerpo. Y aquello que podía atormentarla terminó encontrando una salida a través del arte.

Transformó su mundo interior en obra.

Quizás allí esté una de las mayores fuerzas que puede tener el arte: la posibilidad de expresar aquello que muchas veces no podemos explicar con palabras.Kusama eligió vivir durante décadas en una institución psiquiátrica de Tokio. Desde allí continuaba cada día su rutina creadora: iba a su estudio y trabajaba durante horas para después regresar. Pintó, escribió, creó esculturas e instalaciones y construyó un universo absolutamente propio.

Y siguió pintando prácticamente hasta el final de su vida.

Sus lunares dejaron de ser solamente lunares. Se convirtieron en obsesión, repetición, infinito, identidad. Sus célebres Infinity Mirror Rooms, donde luces y reflejos parecen continuar eternamente, nos hacen perder por un instante la noción de dónde termina nuestro cuerpo y dónde comienza el espacio.

Pienso en Kusama y pienso también en cuánto puede salvarnos el arte.

Ella tomó aquello que la perturbaba, aquello que formaba parte de su fragilidad, y en lugar de esconderlo lo convirtió en belleza, en creación y en un lenguaje que terminó recorriendo el mundo.

A los 97 años se fue una de las grandes figuras del arte contemporáneo.

Pero quedan sus puntos multiplicándose hasta el infinito.

Y queda, sobre todo, una vida que nos recuerda que muchas veces crear también es una manera de sobrevivir.

La Revista del Siglo